Pásame la Sal

Fue en los tiempos de la Torre de Babel en la que Yahvé, como buen Padre, enseñó a sus hijos a no ser soberbios ni orgullosos, haciéndoles navegar por los mares de la confusión. Allí nació lo que ahora llamamos Comunicación y que, en la actualidad, con los avances telemáticos, se ha convertido en algo muy diferente cuando, a todo lo que hacemos, le añadimos el prefijo “tele”.

babel1Con esos disruptivos orígenes, es normal que cada lengua tenga vocablos que le son propios o de imposible interpretación. Como muestra, para nuestro trabajo de aprendices de sabio, recogeremos tres palabras que no podemos traducir al castellano pero que definen tres tipos de actitud emprendedora.

Giratutona, en rético, define a ese emprendedor que gira como una veleta, dependiendo de por dónde sople el viento. Es esa persona que vira su modelo de negocio según lo marquen las circunstancias de cada momento, sin centrar sus ideas y sus caminos corporativos.

Madárlátta es una  voz de origen húngaro, que se refiere a la comida que uno lleva para comer fuera de casa pero que vuelve sin ser consumida, es el producto que sacamos de nuestra empresa y no somos capaces de introducirlo al consumidor final.

Uitwaaien, en holandés, significa pasar unos días de asueto visitando un lugar en condiciones desfavorables (ventoso, frío y lluvioso) en el que poder generar una tormenta de ideas.

A esta muestra me tomo la libertad de añadir un anglicismo que esperemos no incluya nunca la Real Academia de la Lengua Española, y que apareció con la llegada de los “teléfonos inteligentes” para describir cómo la sociedad convierte una mala costumbre en un hábito social. phubbingMe refiero al phubbing, esa fusión entre las palabras inglesas phone y snubbing. Es un acto sencillo que consiste en menospreciar a quien nos acompaña al prestar más atención al móvil u otros aparatos que a su persona.

Es un problema grave que se debe enfocar desde el ámbito de la Innovación Social ya que, una de las causas que nos lleva a ignorar deliberadamente a la persona con la que estamos, es la adicción al teléfono (ya tenemos apps científicas que lo miden como Menthal).

Desde mis comienzos con alta tecnología, he afirmado que no la podemos entender como un fin en si mismo sino como un medio facilitador para conseguir nuestros objetivos. El problema nace cuando el teléfono móvil se convierte en nuestro hijo caprichoso que tiene que estar continuamente atendido y nos llama la atención cada segundo con sus pitidos, vibraciones y politonos.

Este moda social, conlleva un futuro de la relaciones personales incierto. En una sociedad en la que la tasa de divorcios es mejorable, tenemos que ser cada día conscientes de la necesidad de hacer un uso correcto de la Nuevas Tecnologías.

Si queremos un mundo mejor, debemos procurar dejar en él los mejores hijos posibles. Hasta la llegada de la telefonía “llevable”, los problemas familiares eran debidos al dinero, al mal sexo o a la crianza de los niños. Ahora añadimos una nueva “relationship”: el smartphone.

Antaño las parejas, en el momento más inesperado, se cogían de la mano. Ahora, si nuestra pareja se distrae de nuestra compañía con el móvil táctil, probablemente tendremos cosas que mejorar en nuestra relación.

Del mismo modo que podemos coartar la libertad de nuestra pareja, impidiendo que vaya a reuniones con amigos, un teléfono inerte en nuestras manos, puede dejarnos sin un momento irrepetible con nuestros seres queridos.

Como en imita trabajamos en encontrar soluciones, nuestros expertos abogan por dejarnos llevar por nuestro lóbulo frontal. La solución neurocientífica es tomar las riendas de nuestras relaciones y desconectar del mundo online para conectarnos a los realmente importante, desconectar para conectar. Como reza el slogan de esta app que recomiendo, Face Up, “La vida es aquello que pasa mientras miras la pantalla de tu smartphone”.

Se trata de domesticar ese “arma de distracción masiva” que estimula nuestros sentidos y que nos hace llegar al vocablo inglés que nos indica ese miedo a perdernos algo, a quedarnos fuera, al missing out. A los que hemos tenido el orgullo de estar detrás de la barra del bar, hay personas que, con un móvil en sus manos, nos recuerdan a las personas que jugaban antaño a las máquinas tragaperras con ese modo compulsivo de comprobar el correo, las redes sociales y eso que llaman los jóvenes “Gua”, nada que ver con nuestras canicas.

nomofobiaMiramos el móvil cada minuto porque buscamos una recompensa, una píldora de información, una dosis de dopamina. Ese miedo irracional a estar sin el teléfono móvil, del que ya tenemos vocablo castellano, “nomofobia”, nos hace dispersar nuestro pensamiento y nos desvía del camino que hemos elegido.

Los estudios demuestran que somos más felices si centramos la atención, si somos conscientes, si vivimos el momento presente. Seremos más felices si volvemos a los estímulos de la Naturaleza: la mosca que se posa, la caída de una hoja, la atención sostenida a la contemplación del juego de un niño.

Cuidemos nuestro Cerebro, el que nos da pie a las ideas novedosas, a la Innovación, atelemaco la creatividad. Tomemos el control de la Tecnología y, sobre todo, busquemos esa Economía de la Atención que nos permita elegir, en cada momento, lo que sea mejor para nuestra vida, que nos aleje de la lógica de negocio y que nos haga más libres.

Seamos como Telémaco, que abandonó Itaca y viajó a Troya para construir su caballo. Buscó a su padre y Odiseo se maravilló con la enseñanza de su hijo. Yo me quedo con la sabiduría de uno de los nuestros que, con su atenta mente de cuatro años, afirma con seguridad: “La sal sólo se puede sacar del mar“.

Cuando era joven descubrí que el dedo gordo siempre acaba haciendo un agujero en el calcetín. Así que dejé de ponerme calcetines”.

Albert Einstein.

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Alberto Saavedra
 CEO at imita
        www.imita.es        

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